Una lectura de la obra
Una línea delgada y oscura desciende cerca del lado izquierdo. Más hacia el centro, una espiral se apoya en una franja negra vertical. A la derecha se alternan blancos, marrones y manchas de bordes abiertos.
La línea invita a seguir un hilo que se dobla y cambia de intensidad. La espiral recoge ese movimiento y lo devuelve hacia dentro. Entre los dos gestos aparece una continuidad frágil, suficiente para atravesar la superficie sin perder todas las referencias.