Una lectura de la obra
La franja central permite imaginar un camino que todavía está unido a la pared. Hay una dirección, pero el paso debe encontrarse entre las huellas. Este comienzo puede leerse como un descenso: acercarse a una zona de uno mismo que suele quedar cubierta por lo cotidiano.
La erosión hace pensar en lo que ha ido quedando bajo la superficie. Entrar exige detenerse y prestar atención a esas señales. En el recorrido de la serie, esta obra abre una disposición: aceptar que hay algo por conocer y empezar a acercarse, aun sin saber del todo qué aparecerá.