La Cartulina Kraft En Las Artes Visuales
La cartulina Kraft se despoja de su función industrial para convertirse en un sustrato artístico honesto y visceral. En esta entrada de bitácora, comparto mi relación física con este material terroso, un soporte que respira con el agua, resiste el rascado profundo y aporta un silencio ocre indispensable para comprender mis series de abstracción. A través de esta reflexión y curaduría de arte contemporáneo,
El soporte no es solo una superficie inerte donde dejar caer el color. Para mí, el soporte es un cuerpo vivo con el que converso en el taller. Muchas veces buscamos materiales caros, lienzos perfectos o papeles de algodón blanquísimos, pensando que la calidad del arte depende del refinamiento del sustrato. Sin embargo, hay una verdad profunda en la cartulina Kraft, ese material humilde, arrugado, destinado al patronaje y al bocetaje. Es un soporte que no pretende fingir lo que no es. En su color ocre, cálido y terroso, encuentro el tono del suelo, una base sincera que sostiene mis dudas y mis aciertos sin juzgarlos.
El cartulina Kraft ofrece una hermosa resistencia que sostiene la tensión de la materia. En mi serie geología del umbral, el soporte Kraft se convierte en un terreno de excavación.
/ G. M. Lianes
El origen de una base que no miente
Trabajar sobre cartón o cartulina Kraft me conecta con una forma de crear libre de artificios. Cuando coloco una gran hoja marrón sobre la mesa de madera del taller, siento que empiezo a construir desde la tierra misma. Su color no compite con la pintura; al contrario, la abraza. A menudo dejo grandes zonas de la cartulina completamente vacías, sin cubrir, permitiendo que el propio color ocre del cartón actúe como un silencio activo en la composición. Es en esa desnudez donde la obra respira, recordando que la ausencia es tan importante como el trazo más denso. El cartulina Kraft ofrece una hermosa resistencia que sostiene la tensión de la materia.
El poro abierto que dialoga con el agua
La fibra del cartulina Kraft tiene una capilaridad y una sed singulares. Al aplicar la pintura acrílica diluida en abundante agua, el soporte no se limita a recibirla; la absorbe con avidez, dejándola penetrar profundamente en sus poros. Los colores se funden y se extienden formando caminos suaves y bordes desdibujados que parecen cicatrices líquidas. La humedad deforma ligeramente la celulosa, creando sutiles ondulaciones y arrugas que alteran el plano. Es un relieve físico, una geografía táctil que se produce por la colisión entre el agua y la fibra vegetal, un accidente hermoso que respeto y mantengo como parte del proceso.
Las incisiones y marcas talladas con las manos
En mi serie geología del umbral, el soporte Kraft se convierte en un terreno de excavación. Con espátulas, punzones e incluso con las propias uñas, raspo y tallo la pintura húmeda para desenterrar el color de la cartulina que yace debajo. Este acto de rascado daña y hiere la superficie, dejando marcas físicas que reflejan el paso del tiempo y la insistencia del gesto. Del mismo modo, en la serie suturas del azar, empleo líneas de acrílico y hilos para zurcir y sujetar los fragmentos visuales, creando una tensión física sobre la cartulina que une los trazos dispersos. El soporte sufre, resiste y se transforma, convirtiéndose en el testimonio real del combate y la paz en el taller. El rascado deja una cicatriz en el umbral donde la forma se desvela.
La belleza sencilla de lo que permanece
Al final de la jornada, al observar las cartulinas secando en las perchas del taller, comprendo que la fuerza del arte no reside en la riqueza del material, sino en la sinceridad del diálogo que establecemos con él. La cartulina Kraft, con su grano áspero y su color de barro seco, me enseña a valorar lo cotidiano, lo imperfecto y lo duradero. Es un refugio honesto donde las manchas del camino encuentran paz, recordándonos que la belleza más pura suele esconderse en las cosas más sencillas que nos rodean.