Del Bit al Átomo: Reflexiones sobre la Lógica y la Materia
Tras cuatro décadas construyendo arquitecturas de bits incorpóreos, encontré en el expresionismo matérico un puerto seguro: el reencuentro con el accidente controlado, el relieve físico y la imperfección sagrada de la materia.
La vida, a menudo, nos concede una segunda oportunidad para mirarnos al espejo sin los ropajes del hábito. En el año 2020, en medio del silencio impuesto por una crisis global, rescaté los pinceles y las maderas que me habían acompañado en mi lejana niñez de club artesano. Descubrí entonces que mi larga carrera en el desarrollo tecnológico no había ahogado mi creatividad plástica; solo la había mantenido en una larga y fecunda latencia.
La dictadura del control binario
La informática, a la que he dedicado cuarenta años de mi existencia, es el imperio de la certeza. En el código de software, el cero y el uno no admiten términos medios ni matices líricos. Un solo bit corrupto o desplazado en un billón destruye por completo la arquitectura de un sistema operativo, provocando el colapso. Esta dictadura de la precisión matemática genera una profunda necesidad subconsciente de buscar un contrapeso: un espacio donde el error no sea una catástrofe, sino una revelación estética.
En el código, el error destruye el sistema; en el expresionismo matérico, la imperfección y la grieta abren paso a la honestidad de la obra.
/ G. M. Lianes
El retorno a la soberanía de la materia
Frente a la pantalla plana y los bits que fluyen sin peso y sin rastro físico, el átomo reclama su soberanía. Al abrazar el lienzo matérico, el tacto se convirtió en mi principal órgano de pensamiento. La cartulina Kraft de alta densidad de 120g/m², la arena de playa, las densas emulsiones acrílicas mezcladas con carbonato cálcico y el grano rugoso del soporte de madera tienen memoria. Resisten el trazo, oponen fuerza y, sobre todo, envejecen. La materia responde al tacto, tiene aroma y posee una verdad desnuda que ninguna pantalla de silicio podrá emular jamás.
El espesor del tiempo y la costura liminal
En el plano digital, el tiempo es inmediato y efímero; desaparece al apagar el interruptor de energía. En mi pintura matérica contemporánea, el tiempo se solidifica capa sobre capa. Técnicas como el grattage (el rayado e incisión del soporte para desenterrar tonalidades subyacentes) emulan las estratigrafías de la tierra y los sedimentos de la memoria. Así mismo, las incisiones y suturas gráficas que recorren series como Suturas del Azar simbolizan la reconstrucción paciente tras la herida física o emocional. Es un proceso lento, curativo y ajeno a la prisa del nanosegundo tecnológico.
No hay ruptura ni contradicción en esta transición. La mente estructurada del ingeniero, habituada a conceptualizar sistemas y entender los límites físicos del hardware, no desaparece frente al lienzo; en realidad, ayuda a orquestar el aparente caos del expresionismo abstracto, organizando las tensiones visuales a través de lo liminal: el umbral que separa la lógica del misterio.
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