Códice De La Memoria Colectiva: El testimonio estratigráfico de lo que fuimos
"Códice de la Memoria Colectiva" no es decoración; es arqueología íntima sobre un sustrato de celulosa de 50x65 cm. Un registro donde el acrílico negro entra en colisión con el fluir del agua. Cada surco revela los estratos de lo que fuimos.
El soporte no es un vacío pasivo; es una piel receptiva. Pinto por la necesidad visceral de vaciar y recordar.
El papel no es vacío; es una piel que espera el gesto. Cada surco es una bitácora íntima de nuestra fragilidad.
/ G. M. Lianes
La densidad de la espátula
La espátula no concilia; impone. El acrílico negro crea un relieve geológico, una masa opaca que se resiste a la planitud del papel. Una fuerza tectónica que evoca la crudeza de la efigie de la ausencia.
El sabotaje del agua
El agua espolvoreada sabotea la rigidez del pigmento. Al diluir los límites, provoca un sangrado controlado que viaja por capilaridad, rindiéndose al latido de las mareas de lo invisible.
Incisiones de grafito
Sobre la superficie húmeda, realizo un esculpido directo. El punzón de grafito rasga la materia, abriendo cicatrices oscuras que zurcen la tensión del color, en sintonía con las suturas del azar.
El testimonio del soporte
Contemplar este códice de cicatrices es reconciliarse con el accidente. En la aparente fragilidad del papel habita la verdadera fuerza de la materia: un refugio silencioso donde nuestras propias grietas encuentran cobijo.