Códice De La Memoria Colectiva: Las marcas del tiempo y de lo que fuimos
En "Códice De La Memoria Colectiva" (50 x 65 cm), busco explorar cómo el paso del tiempo deja huellas en nosotros. Sobre un papel sencillo y sincero, el acrílico negro intenso choca con la suavidad del agua espolvoreada, creando un paisaje lleno de contrastes y emociones. A través de pequeños surcos que abro sobre la pintura todavía fresca, intento desenterrar y recordar aquellas marcas que todos llevamos dentro y que nos definen como personas.
Esta obra es como una excavación en mis propios recuerdos y emociones. No había nada rígidamente planeado: dejé que la pintura negra se fundiera de forma natural con el agua que corría libre. Para mí, el papel es como una piel sensible que lo registra todo: cada marca y cada surco son huellas que nos recuerdan que nuestras experiencias del pasado siguen vivas en lo que somos hoy.
Hacer marcas en la pintura es como dibujar un camino en la memoria, intentando sujetar los recuerdos que no queremos perder. Contemplar estas texturas y cicatrices es aprender a aceptar que la belleza también está en lo imperfecto y en el azar.
/ G. M. Lianes
La fuerza del color negro sobre el papel
Al aplicar el acrílico con la espátula, busco crear texturas fuertes y con relieve que le den volumen al cuadro. Este negro espeso y decidido representa la parte más sólida de nuestras vivencias, una presencia rotunda y sincera que, de alguna manera, dialoga con ese sentimiento de vacío que a veces retratamos en obras como la efigie de la ausencia.
El juego del agua que todo lo transforma
Salpicar agua sobre la pintura fresca es mi forma de perder el control y dejar que el cuadro respire solo. El agua deshace la rigidez del negro y permite que los colores se mezclen y fluyan de forma imprevista, recordándonos a esas mareas de lo invisible que guían silenciosamente nuestras emociones en el día a día.
Marcas y trazos para ordenar nuestros recuerdos
Con la pintura todavía húmeda, utilizo un punzón de grafito para dibujar surcos directamente sobre el color. Para mí, estas líneas no son heridas; son como costuras o suturas del azar que intentan ordenar las emociones. Son trazos sencillos y honestos que unen las diferentes partes de la obra y nos invitan a reflexionar sobre nuestro propio camino.
Un refugio para nuestras propias historias
Al final, contemplar este códice de marcas y cicatrices es aprender a reconciliarse con el azar y con el paso del tiempo. En la aparente fragilidad del papel habita una fuerza asombrosa: un refugio silencioso e íntimo donde todas nuestras propias vivencias y heridas encuentran su lugar.
El Eco de la Obra: Al mirar de cerca cada surco y cada mancha de color negro, nos descubrimos ante un espejo de nuestra propia alma. No son accidentes ajenos, sino la geografía tierna de nuestros recuerdos, recordándonos que cada experiencia vivida es lo que da forma y belleza a lo que hoy somos.